miércoles, 27 de febrero de 2013

Superdotados: niños, a pesar de todo


  Tener alta capacidad intelectual puede llevarlos a tener problemas depresivos o aislamiento. La clave para evitarlo es ayudarles a desarrollar su potencial, a pesar de que muchas veces fracasan en el colegio



Cociente intelectual mayor de 130, creatividad, persistencia en las tareas, gran capacidad de influir en la gente. Clínicamente, estas son las características básicas que definen a una persona superdotada. Sin embargo, en la vida diaria esta “cualidad” implica mucho más.

“En principio son niños que tienen una situación neurológica normal, sin ningún antecedente de enfermedad previa”, explica al Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC)mi querido amigo y maestro Pedro de Castro, neurólogo infantil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid. “Pero una vez que se establece la capacidad intelectual por encima de la media, hay que valorar otros factores que se asocian con frecuencia, como problemas depresivos o de integración social”.

De hecho, aunque las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) apuntan a que el 2,3% de la población mundial posee altas capacidades, más del 30% de estas personas tienen un bajo rendimiento escolar y se sienten aisladas y no tan felices como su grupo de sus compañeros.

Es más, según Pedro De Castro, los niños superdotados muchas veces sufren falta de motivación y frustración en el colegio, sienten que los profesores no entienden su comportamiento ni su manera de ser y no se identifican con los demás. Y esto con frecuencia desemboca en un aislamiento; no prestan atención en clase, no tienen interés en lo que se explica y no se conforman con lo que se les dice. Todo ello deriva en muchos casos en un aparente fracaso escolar, síntoma que suele ser la razón por la que se acude al especialista.

“Las familias vienen por problemas en el colegio, creen que sus hijos pueden sufrir trastorno por déficit de atención o hiperactividad; la mayor parte de las veces no saben que son superdotados”, afirma el neurólogo. “Por eso lo primero que hay que hacer es diagnosticarlos para que los profesionales adecuados encaucen estas capacidades y logren un rendimiento académico y personal óptimo”.

Como señala la Asociación Española para Superdotados y con Talento (AEST), “no tener un hijo dentro de la media supone tener que informarse de sus perfiles, como lo tendríamos que hacer con cualquier otra diferencia y así ayudarle para un desarrollo dentro de la mayor normalidad, donde se encuentre identificado con el conjunto”.

Sin embargo, algunas familias viven esta condición con ansiedad, no como un premio o un “valor agregado” de su hijo. No saben si lo están atendiendo adecuadamente, si necesita más o le exigen demasiado. Los expertos coinciden en que los niños superdotados primero deben ser tratados como niños, y luego de acuerdo con su capacidad innata.

Uno de los indicadores para determinar la superdotación es la anticipación de aprendizajes o hechos cotidianos, como empezar a andar o aprender a leer muy pronto, lo que a veces se confunde con una precocidad del niño. Ahí es cuando deberían entrar en acción los especialistas para que el diagnóstico llegue lo antes posible.

Dejar de ser bichos raros

Los propios chicos manifiestan su deseo de no ser señalados ni, como suele sucederles, etiquetados como “empollones” en el colegio. “La principal desventaja que he tenido durante el colegio ha sido sobre todo la relación con mis compañeros de clase, no me entendían, no pensaban como yo y no compartían mis aficiones, y por eso a menudo estaba sola”, relata Irene T.C., estudiante de biología sanitaria. Lo mismo cuenta Sergio, exalumno del PEAC que ahora estudia primero de arquitectura:

“Cuando era pequeño lo pasé bastante mal. Como se me daban bien los deportes y sacaba buenas notas, mis compañeros me molestaban todo el rato. Ahora, con la edad te das cuenta de que puedes ser como cualquier otra persona, lo que pasa es que los niños suelen machacar a los compañeros que destacan”.

Pero no todas las personas superdotadas se caracterizan por ser buenos estudiantes. “Es uno de los estereotipos que queremos romper. Alta capacidad no es igual que alto rendimiento académico. Lo habitual es que un niño con alta capacidad no fracase escolarmente, pero eso sólo ocurrirá si está atendido en el ámbito educativo de una forma adecuada”, comenta otro de los técnicos de la Consejería de Educación madrileña.

“Se trata de que tomen conciencia de que son niños normales, que hay otros niños iguales que ellos, y dejen de verse a sí mismos como bichos raros. El hecho de estar en esos grupos los ayuda a sentirse más normalizados”.

Los niños superdotados rechazan el estigma social al que suelen quedar expuestos y quieren volverse, conscientemente, invisibles. Pocos allegados lo saben, por miedo a que, al conocer esta diferencia, los demás se puedan sentir inferiores. Solucionar esto depende de que sus capacidades sean explotadas adecuadamente y, más importante aún, de que sean tratados como lo que son: niños.

miércoles, 13 de febrero de 2013

¿Fue Pedro el Primer Papa?

Es una creencia básica de muchas personas religiosas que Pedro fue la primera cabeza terrenal de la iglesia. Considere la enseñanza de la Iglesia Católica Romana tal como está expresada en Un Catecismo Para Adultos por William Cogan (Edición de 1975, Págs. 55-56):

El Papa ... es el obispo de Roma y Vicario de Cristo en la tierra. Es la cabeza visible de toda la Iglesia Católica ... ¿Quién fue el primer Papa? San Pedro, quien fue hecho Papa por Jesucristo mismo ... ¿La autoridad de Pedro murió con él? No, ella fue transmitida a hombre llamado Lino, y después que murió, fue transmitida a otro, y así sucesivamente durante los últimos 2000 años ... ¿Requiere Jesús que nosotros sigamos al Papa en los asuntos religiosos? Si, porque la obediencia y lealtad al Papa están entre los principales requisitos del Plan de nuestro Señor para la unidad en Su iglesia.
Otros grupos, tales como los Mormones, sostienen una visión más o menos similar.
 El propósito de est es examinar esta doctrina en conformidad a las Escrituras. Ciertamente una doctrina tan importante como esta, si es verdad, puede ser encontrada en la Biblia. No buscamos representar mal o perjudicar (ofender) a alguien, sino que urgimos a las personas para que escudriñen la verdad con una mente abierta. "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos" (2 Cor. 13:5). Para hacer esto debemos "estudiar todos los días las Escrituras para ver si estas cosas" son así (Hch. 17:11). Nadie debería temer examinar sus creencias acorde a la Biblia. (Nota: Todas las citas Bíblicas serán de la Versión Católica Nácar Colunga).
 Dios es referido frecuentemente como la roca o el fundamento seguro en el Antiguo Testamento -- Sal. 31:3; 71:3; 89:26 y Sig.; 18:2 y Sig.; 32 y Sig.
 1 Ped. 2:3-8 -- Pedro mismo enseñó que Jesús es la principal piedra del ángulo sobre la cual está edificada la iglesia. (Comp. Hch. 4:10-12).
 Mateo 16:13-18 confirma que Jesús es el fundamento de su iglesia. 
 El versículo 18 es citado a menudo como prueba de que Pedro es el fundamento (Catecismo, Pág. 56; Question Box, Pág. 146). Pero considere:
Basados en los pasajes ya estudiados, el fundamento debe ser Cristo, no Pedro.
El contexto no discute lo que es Pedro o cuál es la posición de Pedro, sino quién es Cristo y cuál es la posición de Cristo. ¡Cristo no confiesa a Pedro, Pedro confiesa a Cristo!
El pasaje contrasta el nombre de Pedro (Griego PETROS -- masculino, un pedazo de roca) con la roca sobre la cual sería edificada la iglesia (Griego PETRA -- femenino, una roca sólida de mayor tamaño).
Jesús a menudo se comparó a sí mismo con los objetos inanimados -- un templo (Jn. 2:18-22), una puerta (Jn. 10:7), una vid (1 Cor. 10:4). No obstante, la gente lo mal interpreta tan a menudo como lo hicieron con Sus otras comparaciones.
El fundamento de la iglesia es la verdad que Pedro exactamente había confesado -- que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios (v.16). Esto es confirmado por el contexto y por otros pasajes. ¡Decir que Pedro es la roca es colocar a un hombre en el lugar de la Deidad! (1 Cor. 10:4).

Considere la vida de Pedro:
* Siguiendo inmediatamente a la discusión acerca de la roca, Pedro reconvino (censuró) a Cristo y Cristo le dijo a Pedro: "¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres" -- Mateo 16:21-23.
* Pedro negó a Cristo 3 veces, aún con maldición y juramento -- Mateo 6:68-75.
* Jesús reprendió a Pedro por la falta de fe -- Mateo 14:22-31.
* Al rehusar comer con los Gentiles, Pedro fue culpable de hipocresía y no andaba conforme al evangelio -- Gal. 2:11-14.
Pedro era aún un gran hombre, pero era solamente un hombre. Cometió algunos pecados serios. ¿Por qué debería la iglesia estar fundada sobre un oficio ocupado por los hombres?
Considera la vida de los Papas Católicos: Acorde a la Enciclopedia Católica y al Diccionario Católico:
* 6 Papas fueron hijos de sacerdotes (quienes supuestamente no se deben casar), ¡incluyendo dos que fueron hijos de otros Papas!
* 4 Papas fueron excomulgados como herejes por otros Papas, incluyendo uno que fue excomulgado dos veces.
* Se admitió que 5 Papas han tenido hijos ilegítimos.
"En los primeros doce siglos de su existencia, la Iglesia se ha perturbado algunas 25 veces por demandas rivales del Papado. La contienda de este modo originada fue siempre una ocasión de escándalo, algunas veces de violencia y derramamiento de sangre ... Por cuarenta años (en el siglo 14) dos y aún tres pretendientes al Papado afirmaron la fidelidad de los Católicos: todos los países, hombres eruditos y santos canonizados, esparcidos a sí mismos en diferentes lados, y aún ahora quizás no es del todo claro quién era el Papa ..." (Diccionario Católico, por Addis y Arnold, Pág. 869).

Pedro No Se Ajusta Al Modelo de los Papas Modernos.

Pedro era un hombre casado.

Pero a los Papas modernos no se les permite casarse.
Mateo 8:14 -- Jesús sanó a la suegra de Pedro.
1 Cor. 9:5 -- Pedro (Cefas) continuó teniendo una mujer (esposa) después que la iglesia empezó.
1 Ped. 5:1-3 -- Pedro era anciano u obispo, y todos los obispos eran casados -- Tito 1:5-6; 1 Tim. 3:2.
Heb. 13:4; 1 Tim. 4:1-3 -- El matrimonio es honroso en todos. Enseñar que ciertas clases no podían casarse es una doctrina de apostasía.
 Hechos 10:25-26 -- Le prohibió a Cornelio no sólo la adoración, sino aún arrodillarse delante de él, porque Pedro también era hombre.

Los Papas modernos permiten y esperan que las personas se arrodillen ante ellos porque son Papas. Sin embargo, Pedro, a quien declaran que fue el primer Papa, ¡rehusó permitir este acto! 

Nunca en la Biblia le es permitido a un hombre arrodillarse ante otro hombre como un acto de honor (u honra) por causa del oficio religioso del hombre (Mat. 4:10; Ap. 22:8-9).

 


Humo blanco pasado negro

        Ratzinger de joven se enroló en la Juventud Hitleriana, en 1941. Lo admite en su autobiografía.

La historia de la Iglesia Católica está llena de truculencias y actos de una extrema gravedad, impropia de los que se autocalifican como seguidores de Cristo, cuando en realidad sólo son los sucesores de un sacerdocio pagano.
Muchos de los papas fueron tan depravados en sus acciones que los que no profesaban ninguna religión ni creencia, se avergonzaban de ellos. Pecados como el adulterio, la sodomía, la violación, el asesinato y el abuso extremo del alcohol, han sido cometidos por muchos papas a través de la historia.
Curiosamente, ninguno de los papas del último siglo y medio, desde León XII hasta el actual, Benedicto XVI, repito, ninguno, jamás ha manifestado el más mínimo reproche a esas sórdidas historias que están grabadas en los libros con letras de escarnio y vergüenza.
Empecemos a relatar algunas de las hazañas de estos "anguelitos":
El papa Sergio II, que reinó del 904 al 911, obtuvo la oficina papal por medio del asesinato. Los anales de la Iglesia de Roma hablan sobre su vida en pecado con Marozia, una conocida prostituta de esa época, quien le engendró varios hijos ilegítimos. Este papa fue descrito por Baronio y otros escritores eclesiásticos como un «monstruo» y por Gregorio como un «criminal aterrorizante». Dice un historiador: «Por espacio de siete años este hombre ocupó la silla de san Pedro, mientras que su concubina, imitando a Semíramis madre, reinaba en la corte con tanta pompa y lujuria, que traía a la mente los peores días del viejo Imperio». Refiriéndose a otra, dice: «Esta mujer -Teodora de nombre-, junto con Marozia, la prostituta del Papa, llenaron la silla papal con sus hijos bastardos y convirtieron su palacio en un laberinto de ladrones».
Y así, comenzando con el reino del papa Sergio, vino el período (904-963), conocido como «el reinado papal de los fornicarios».
Teodora hizo papa a Juan X (914-928). Este había sido enviado a Ravena como arzobispo, pero para satisfacer sus deseos carnales, lo hizo volver a Roma y lo hizo nombrar papa. Su reinado tuvo un fin súbito, cuando Marozia lo asesinó.
Marozia quería deshacerse de Juan X para, de esta manera, poder llevar a León IV (928-929), al oficio papal. Su reinado fue muy breve, pues éste también fue asesinado por Marozia cuando ella se enteró de que este había entregado su cuerpo a una mujer más descarada que ella.
Poco después llevó a su propio hijo ilegítimo (de Sergio III) al trono papal. ¡El muchacho era todavía un adolescente! Tomó el nombre de Juan XI. Pero durante un altercado con los enemigos de su madre fue azotado y puesto en prisión, donde lo envenenaron y murió.
En el año 955 el nieto de la prostituta -después de varios encuentros sangrientos- pudo tomar posesión del trono pontificio bajo el nombre de Juan XII. Llegó a ser tan corrompido que los cardenales se vieron obligados a hacer cargos contra él. Este rehusó a presentarse para contestar a las acusaciones y en vez de esto, ¡los amenazó con excomulgarlos a todos! Aun así le hallaron culpable de varios crímenes y pecados, incluyendo los siguientes: hizo prender fuego a varios edificios, bebió un brindis dedicado al demonio, jugó a los dados e invocó la ayuda de los demonios, obtuvo dinero por medios injustos y fue enormemente inmoral. Tan viles fueron sus acciones, que incluso el notable obispo católico romano de Cremorne, Luitprand, dijo de él: «Ninguna mujer honesta se atrevía a salir en público con él, porque el papa Juan no tenía respeto a mujeres solteras, casadas o viudas, puesto que él faltaba al respeto aun a las tumbas de los santos apóstoles, Pedro y Pablo». Levantó la ira del pueblo al convertir el Palacio Laterano en «una casa de prostitución pública» y fue descrito por el Liber Pontificalis con las siguientes palabras: «Pasó toda su vida en adulterio». Finalmente, su vida terminó mientras cometía adulterio: el furioso esposo de la mujer con las que copulaba, lo mató.
El papa Bonifacio VII (984-985) mantuvo su posición a través de cuantiosas distribuciones de dinero robado. El obispo de Orleans se refirió a él (y también a Juan XII y León VIII), como «monstruos de culpabilidad, llenos de sangre y suciedad», y como «Anticristos sentados en el templo de Dios». Además, Bonifacio fue un asesino. Hizo que el papa Juan XIV fuera encarcelado y envenenado. Cuando el papa Juan murió, el pueblo romano arrastró su cuerpo desnudo por las calles. La sangrienta masa de carne humana que había sido un papa, fue dejada a los perros. A la mañana siguiente, sin embargo, algunos sacerdotes lo enterraron secretamente. Bonifacio asesinó al papa Benedicto VI estrangulándolo. El papa Silvestre II lo llamó «un horrendo monstruo que sobrepasó a todo mortal en su maldad». Pero, evidentemente, el papa Silvestre no era mucho mejor, pues la Enciclopedia Católica dice que «... el pueblo le consideraba como un mago pactando con el diablo».
Enseguida vino el papa Juan XV (985-996), quien dividió las finanzas de la Iglesia entre sus familiares, lo que le trajo la reputación de ser «codicioso, de torpes ganancias y corrompido en todas sus acciones».
Benedicto VIII (1012-1024) «compró el oficio de papa por medio de chantaje». El siguiente papa, Juan XIX (1024-1033), también compró el papado y pasó por toda la escala de títulos eclesiásticos reconocidos en un solo día. Después de esto, Benedicto IX (1033-1045) fue elegido papa, siendo apenas un niño de 12 años, por medio de arreglos monetarios con las poderosas familias que manejaban a Roma. Este papa-niño creció en la maldad y «cometió homicidios y adulterios en pleno día; hizo robar a peregrinos en las catacumbas de los mártires». Fue un horrendo criminal a quien el pueblo desterró de Roma.
Finalmente, la compra y venta del cargo papal se hizo tan común y la corrupción tan pronunciada que los gobernantes seculares tuvieron que intervenir en el nombramiento de los papas. Enrique III, emperador de Alemania, eligió a Clemente II (1046- 1047), que era un clérigo alejado de la corte papal porque «ningún sacerdote romano pudo ser hallado limpio de corrupción de simonía y de fornicación», declaró un historiador.
Muchos de los papas fueron asesinos, pero sin duda alguna Inocencio III (1194-1216) sobrepasó a todos sus predecesores en homicidios. Durante su reinado, Inocencio (el cual era todo menos «inocente»), hizo asesinar a más de cien mil supuestos «herejes». El promovió la más infame y diabólica acción en la historia de la humanidad: la Santa Inquisición. Por espacio de más de 500 años, los papas usaron la Inquisición para poder mantener el poder. No se tiene constancia del número de personas inocentes fueron asesinadas al no estar de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana. De momento, ningún papa ha pedido perdón por la Santa Inquisición.
El papa Bonifacio VIII (1294-1303) -otro de la negra lista medieval- practicó la brujería. Llamó mentiroso e «hipócrita» a Cristo, profesó ser ateo, negó la vida futura y fue un homicida y un pervertido sexual. Oficialmente dijo lo siguiente: «El darse placer a uno mismo o con mujeres, es tan pecado como frotarse las manos». Y -aunque parezca imposible- él fue quien escribió la bula Unam Sanctum, en la cual declaró oficialmente que la Iglesia Católica es la única y «verdadera» Iglesia, ¡fuera de la cual nadie puede salvarse! Fue este inmoral papa quien declaró oficialmente: «Nosotros afirmamos y declaramos definitivamente que es necesario, para la salvación, que todo ser humano sea sujeto al pontífice de Roma».
Fue durante el reinado de este papa, cuando Dante visitó Roma. Describió el Vaticano como el «alcantarillado de la corrupción», y puso a Bonifacio (junto con los papas Nicolás III y Clemente V) en «las profundidades del infierno».
Durante el período de 1305 a 1377, el palacio papal estuvo situado en Avignon (Francia). Durante esta época, Petrarca declaró que dicho establecimiento papal era un lugar de «violación, adulterio y toda clase de fornicación». Y debido a que los papas eran tan inmorales, no debemos sorprendernos de que los sacerdotes no fueran mejor que ellos. Como consecuencia, en muchas parroquias los feligreses insistían en que los sacerdotes tuvieran concubinas «como protección para sus propias familias».
Durante la larga celebración del Concilio de Constanza, llegaron a existir hasta tres papas a la vez, y algunas veces cuatro, que se insultaban todas las mañanas acusándose los unos a los otros de anticristos, demonios, adúlteros, sodomitas, enemigos de Dios y del hombre. Uno de estos «papas», Juan XXII (1410- 1415), compareció ante el Concilio para dar cuenta de su conducta. «Fue acusado por 37 testigos (obispos y sacerdotes, en su mayoría) de fornicación, adulterio, incesto, sodomía, hurto y homicidio» Y se probó con una legión de testigos que había seducido y violado a 300 monjas. Su propia secretaria, Niem, dijo que en Bolonia mantenía un harén donde no menos de doscientas muchachas habían sido víctimas de su lujuria. Por todo ello el Concilio lo halló culpable de 54 crímenes de la peor categoría; le depuso del papado, y, para no verse condenado a lo que se merecía, el indigno papa optó por huir.
El registro oficial del Vaticano ofrece de este hombre esta información sobre su inmoral reinado: «Su señoría, el papa Juan, cometió perversidad con la esposa de su hermano, incesto con santas monjas, tuvo relaciones sexuales con vírgenes, adulterio con casadas y toda clase de crímenes sexuales... entregado completamente a dormir y a otros deseos carnales, totalmente adverso a la vida y enseñanzas de Cristo... Fue llamado públicamente el Diablo encarnado». Para aumentar su fortuna, el papa Juan puso impuestos a todo, incluyendo la prostitución, el juego y la usura. Se le ha llamado con frecuencia «el más depravado criminal que se haya sentado en el trono papal».
Del papa Pío II (1458-1464) se dice que fue el padre de muchos hijos ilegítimos. «Hablaba en público sobre los métodos que usaba para seducir a las mujeres, aconsejaba a los jóvenes y hasta ofrecía instruirlos en métodos de autoindulgencia». Pío fue seguido de Pablo II (1464-1471), quien mantenía una casa llena de concubinas. Su tiara papal estaba tan cuajada de joyas, que sobrepasaba el valor de un palacio.
Vino después el papa Sixto IV (1471-1484); éste tuvo dos hijos ilegítimos de su manceba Teresa a los cuales hizo cardenales. Financió sus guerras vendiendo posiciones eclesiásticas al mejor postor, y «usó el papado para enriquecerse él y sus familiares. Hizo cardenales a ocho de sus sobrinos, aunque algunos de ellos siendo aún niños. En cuanto al lujo y extravagancias, rivalizó con los césares. El y sus familiares sobrepasaron a las antiguas familias romanas tanto en riquezas como en pompa».
El papa Inocencio VIII (1484-1942) tuvo dieciséis hijos de varias mujeres. No negó que fueran sus hijos ni que fueran engendrados en el Vaticano. Como muchos otros papas, multiplicó los oficios clericales y los vendió por vastas sumas de dinero. Incluso permitió corridas de toros en la plaza de San Pedro.
Vino más tarde Rodrigo Borgia, quien tomó el nombre de Alejandro VI (1492- 1503) Y ganó su elección al papado mediante chantajes con los cardenales, práctica común en aquellos días. Antes de ser papa, cuando aún era cardenal y arzobispo, vivió en pecado con una mujer llamada Vanozza dei Catanei y después con la hija de ésta, Rosa, con la cual tuvo cinco hijos. En el día de su coronación nombró a su hijo -joven de temperamento y hábitos viles- como arzobispo de Valencia. Vivió en incesto público con sus dos hermanas y con su propia hija y era el padre y amante de su hija Lucrecia, de quien se dice tuvo un hijo. El 31 de octubre de 1501 realizó una orgía sexual en el Vaticano, que no ha tenido parangón alguno en los anales históricos de la humanidad.
En cuanto al papa Pablo III (1534-1549), incluso la revista de signo católico Life dijo que siendo cardenal había tenido 4 hijos y en el día de su coronación celebró el bautismo de sus dos bisnietos; que eligió a dos de sus sobrinos adolescentes como cardenales, realizó festivales con cantantes, bailarinas, bufones y buscó ayuda de astrólogos.
El papa León X (1513-1521) fue elegido para 27 oficios diferentes clericales antes de tener 13 años de edad. Fue enseñado a considerar los cargos eclesiásticos sólo como un medio de ganancia. Con su producto compró el cargo y declaró que el quemar a herejes era una orden divina.
Fue durante esos días que Martín Lutero, siendo aún sacerdote de la Iglesia Romana, viajó a Roma. Al ver por primera vez la Ciudad de las Siete Colinas, cayó al suelo diciendo: «Santa Roma, te saludo». No había pasado mucho tiempo en dicha ciudad, cuando pudo darse cuenta de que Roma era todo menos una ciudad santa. Pudo ver que la iniquidad existía en todas las clases del clero. Los sacerdotes contaban chistes indecentes y usaban palabras profanas, incluso en la misa. Lutero describió a los papas de la época como peores en su conducta que los emperadores paganos y explica que los banquetes de la corte papal eran servidos por doce mujeres desnudas. «Nadie puede imaginarse los pecados tan infames y los actos que son cometidos en Roma -dijo-; tienen que ser vistos y escuchados para ser creídos». Tanto es así, que se acostumbra a decir: «Si hay un infierno, Roma está construida sobre él».
Un día, durante la visita de Lutero a Roma, vio una estatua en una de las vías públicas que conducen a San Pedro, que le llamó la atención, pues era de una papisa, y junto con el cetro y la mitra papal, tenía un niño en sus brazos. Era la estatua de la papisa Juana. «Estoy sorprendido -dijo Lutero- de cómo los papas permiten que la estatua permanezca allí». Cuarenta años más tarde, después de la muerte de Lutero, dicha estatua fue quitada por orden del papa Sixto V.
¿Quién fue este papa femenino al que la estatua representaba? Se dice que nació en la tierra del Rhin, en Ingleheim. Fue aclamada en Mainz por su sabiduría y más tarde se disfrazó de hombre para entrar en el célebre monasterio de Fulda (entre Frankfurt y Bebra). Se dice que también estudió en Inglaterra y Atenas y después recibió la posición de profesora de la Schola Grrecorum de Roma, antiguo colegio de diáconos. Allí ganó tanta influencia como hombre, que fue elegida papa. Sin embargo, después de un pontificado de dos años, un mes y cuatro días, fue descubierta su condición de mujer: mientras formaba parte de una procesión, dio a luz a un niño y murió. Fue en este sitio donde se erigió la estatua del papa femenino.
En tiempos recientes, la historia de la papisa Juana ha sido discutida. Por razones obvias, Roma ha tratado de ocultarlo; sin embargo, antes de la época de la Reforma, la cual expuso tanto pecado en la Iglesia Romana, la historia era parte de las crónicas y conocida por obispos e incluso por los mismos papas. El papa Anastasio, por ejemplo, la menciona en su escrito "Historia de los pontífices romanos". De hecho, todos los libros de historia de antes de la Reforma mencionan a la papisa Juana en el texto o en el margen. Se discute que hasta el siglo XV los papas tenían que pasar por un examen físico para que el caso de la papisa -el papa femenino-- no se volviera a repetir. Obviamente, la idea de un papa femenino rompe la doctrina católica de la «sucesión apostólica» y, por lo tanto, es natural que la Iglesia Romana trate de ocultar esta historia.

        Bibliografía

  • "El sacerdote, la mujer y el confesionario". Rev. Charles Chiniquy, pags. 138, 139.
  • "Italia medieval", H.B. Cotterill, págs. 331, 336, 349 y 392.
  • Manual Bíblico de Halley, pág. 774, 775, 778, 779 y 688.
  • Patrologine Latinae, Jacques Paul Migne, tomo 136, pág. 900; tomo 2, pág 246.
  • El otro lado de Roma, John P. Wilder, págs. 114 y 115.
  • Enciclopedia Católica, edición 1913.
  • Sacrorum Conciliorum, John Mansi, tomo 19, pág 132; tomo 14, pág 372; tomo 27, pág 663.
  • Liber Pontificalis, tomo 2, pág 246.
  • Annali d´Italia, Louis A. Muratori, tomo 5, pág 498.
  • Historia de los Concilios de la Iglesia, tomo 40, art. 697.
  • Historia de la Civiliazación, Will Durant, tomo 6, pág 10, 13 y 332.
  • Historia de la Reforma, J. H. Merle d´ Aubigne, pág 11, 56 y 59.
  • Diarium, tomo 3, pág 167.
  • Revista Life, 5 julio 1963.
  • Ecumenismo y Romanismo, Peter J. Doeswyck, pág 59 y 60
  • Historia de los Papas, Bowers, tomo 1, págs 128, 226 y 1338.