martes, 15 de noviembre de 2011

La paradoja de nuestro tiempo


George Carlin -comediante de los años 70 y 80- escribió en su día algo tan elocuente que no me resisto a compartirlo. Su texto es éste: La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos. Carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos. Gastamos más pero tenemos menos. Compramos más pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más chicas. Mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos más grados académicos pero menos sentido común. Mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio. Somos más expertos pero tenemos más problemas. Tenemos mejor medicina pero menor bienestar. Bebemos y fumamos demasiado. Despilfarramos mucho y reímos muy poco. Nos enojamos y desvelamos demasiado. Amanecemos cansados. Leemos muy poco, vemos demasiada televisión y oramos muy rara vez. Hemos multiplicado nuestras posesiones a la vez que reducido nuestros valores. Hablamos mucho, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente. Hemos aprendido a ganarnos la vida pero nos hemos olvidado de vivirla. Añadimos años a nuestras vidas y no vida a nuestros años. Hemos logrado ir y regresar de la luna pero nos resulta difícil cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Conquistamos el espacio exterior pero no el interior. Hemos hecho grandes cosas pero no por ello mejores. Hemos limpiado el aire pero contaminamos nuestra alma. Conquistamos el átomo pero no nuestros prejuicios. Escribimos más pero aprendemos menos. Planeamos más pero logramos menos. Hemos aprendido a apresurarnos pero no a esperar. Producimos computadoras que pueden procesar mayor información y difundirla pero nos comunicamos cada vez menos. Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y cortedad de carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales. Hoy en día hay dos ingresos económicos en cada casa pero más divorcios. Tenemos casas más lujosas pero más hogares rotos. Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, acostones de una noche, cuerpos obesos y píldoras que hacen todo: alegran, apaciguan y hasta matan. Son tiempos en que hay mucho en el escaparate y muy poco en la bodega. Tiempos en que la tecnología puede hacerte llegar esta carta y tú puedes elegir compartir estas reflexiones o simplemente borrarlas. Acuérdate de pasar algún tiempo con tus seres queridos porque ellos no estarán aquí siempre. Acuérdate de ser amable con quien ahora te admira porque esa personita crecerá muy pronto y se alejara de ti. Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca porque ése es el único tesoro que puedes dar con el corazón sin que te cueste ni un centavo. Acuérdate de decir “Te amo” a tu pareja y a tus seres queridos y dilo sinceramente. Un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma. Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesorar ese momento porque un día esa persona ya no estará contigo. Date tiempo para amar y para conversar y comparte tus más preciadas ideas. Y recuerda siempre: la vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento sino por los extraordinarios momentos que nos lo quitan”. Es todo. Creo sinceramente que merecía la pena darlo a conocer.