sábado, 25 de mayo de 2013

El poder de la sonrisa

                                    



Son necesarios cuarenta músculos para arrugar una frente, pero sólo se requieren quince para sonreír.

Hay una linda frase de William Shakespeare que dice: “Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa, que con la punta de la espada”. Y yo le pregunto a usted, estimado lector, ¿ha intentado alguna vez, de manera consciente, levantarse de la cama por la mañana y hacerse la promesa de tratar de sonreír a todas las personas que se crucen ese día en su camino?
Si ya lo ha hecho lo felicito, porque seguramente se habrá dado cuenta que su día fue diferente, que fue mejor en todos los sentidos, y que si tuvo que hacer algún trámite o si requirió de la ayuda de otras personas para la realización de sus actividades de ese día, todas las cosas le salieron mejor, recibió más y mejores atenciones y respuestas de los demás y, además, también usted mismo se sintió mejor, emocional y físicamente. Si no lo ha hecho, hágalo y verá como notará de inmediato el cambio en su día.
Como bien dice el dramaturgo español Víctor Ruiz Iriarte, “La sonrisa es el idioma general de los hombres inteligentes; sólo son tristes los tontos y los delincuentes”. Y es que en verdad, no tiene sentido dejar de obtener los beneficios que nos proporciona el brindar a todos una sonrisa, a cambio de tener que arrugar la frente y usar esos cuarenta músculos que no nos darán retribución alguna por ello.

Se entiende que no todos los días tenemos el mejor de los humores para sonreír y que los golpes de la vida muchas veces nos “obligan”, según nosotros, a ser infelices y a mantener a todas horas un gesto adusto, duro, no amigable, porque esa será la única manera de que seamos congruentes con el dolor, la angustia, el coraje, la amargura o la pena por la que estamos atravesando. Esa es una postura que no es inteligente, como dice Ruiz Iriarte. Uno debe sonreír, aunque nuestra sonrisa sea una sonrisa triste, porque aún mas triste que la sonrisa triste, es la tristeza de no saber sonreír. Y entérese de que si usted la está pasando mal, por lo que sea, hay quienes la pasan mucho peor que usted en el mundo, y le dan a diario gracias a Dios, con una gran sonrisa, por tener un día más de vida. No hay que buscar mucho para encontrar casos sorprendentes de estos maestros de la vida; sólo hay que voltear a ver a tantos y tantos seres humanos con un sinnúmero de limitaciones físicas que los hacen estar prácticamente incapacitados, que no tienen manos o piernas, que son ciegos o con parálisis cerebral, y que con sus habilidades desarrolladas a partir de sus incapacidades, día a día nos dan unas tremendas lecciones de vida que nos dejan verdaderamente perplejos, y que además, al contrario de muchos “normales” como nosotros, esbozan sus bellas y agradecidas sonrisas para dar y prestar.

Y es que una sonrisa significa mucho, porque enriquece a quien la recibe sin empobrecer a quien la ofrece, y aunque muchas veces podrá durar sólo un segundo, su recuerdo en ocasiones nunca se borrará. Intente usted el día de hoy sonreírle a personas que usualmente no les sonríe, o con quienes no tiene la mejor de las relaciones, y verá el resultado que esta acción le acarreará; es algo verdaderamente sorprendente. La sonrisa es algo con lo que nacemos, no es algo que se aprende; se ha comprobado que los niños que nacen ciegos, sonríen al igual que aquellos que sí pueden ver, es decir, no tuvieron que ver a otros sonreír ni estuvieron sujetos a un proceso de aprendizaje para poder hacerlo, como se requiere por ejemplo, para aprender a caminar. Seguramente todos habremos visto que los bebés sonríen naturalmente, incluso de recién nacidos; es parte pues de nuestra naturaleza, y es una capacidad que no deberíamos de perder durante nuestra existencia. Pero sucede que eso que traemos por naturaleza, es decir, la gran aptitud para ser felices y sonreír, lo olvidamos durante nuestra vida y dejamos de practicarlo; es decir ¡aprendemos a dejar de sonreír!.

La sonrisa es una verdadera fuerza vital, la única capaz de mover lo inconmovible. Tiene una potencia tal que incluso puede ayudar a mermar o a desaparecer en algunos casos los efectos negativos de nuestros errores o equivocaciones. Una sonrisa tiene valor desde el comienzo en que se da; si cree que a usted la sonrisa no le aporta nada, sea generoso y dé la suya, porque nadie tiene tanta necesidad de la sonrisa como quién no sabe sonreír. La sonrisa es ni más ni menos la luz de nuestro rostro, la que nos abre muchas puertas, la que genera actitudes positivas y la que nos alisa el camino para llegar a los demás. Es en muchas ocasiones la llave maestra que abre las cerraduras más oxidadas que pudiéramos encontrar en nuestro camino. Empecemos y terminemos nuestro próximo día con una sonrisa y nos encontraremos con gratas sorpresas. Intentémoslo; total, podremos ganar mucho sin arriesgar absolutamente nada. Bien vale la pena...o no lo cree usted así?